La cerveza toluqueña

La cerveza toluqueña

La historia de la cerveza en Toluca va de la mano con el surgimiento de la industria moderna a finales del siglo XIX; durante el porfiriato surgieron fábricas que producían bienes de consumo, tales como cerveza, cigarrillos o jabón, o bienes intermedios, como acero, cemento o petróleo; en conjunto el desarrollo del ferrocarril y la banca fueron de gran relevancia para este empuje industrializador. Dentro de este contexto encontramos el desarrollo de la industria cervecera; en la década de 1880 se tiene bien documentada la producción artesanal, siendo comercializada y consumida en forma local; sin embargo, otras bebidas se encontraban mejor posicionadas en el gusto de la población, como el pulque o licores a base de hierbas o frutas.

En 1865 el suizo Agustín Marendes decidió establecer en Toluca una planta productora de cerveza a la cual llamó Cervecería Toluca y México, S. A., la planeación en sus labores y efectividad la convirtió en una de las más importantes de su época, permitiendo adquirir en la ciudad de México la fábrica localizada en la calle de Rinconada de San Diego, números 11 y 12, que se estableció en 1860.

Gracias a la estabilidad política y económica del periodo algunas sociedades económicas de extranjeros comenzaron a cimentarse. Pablo Kosidowski, Donato de Chapeaurouge y Enrique Wiechers, dedicados a diferentes ramas comerciales, formaron una sociedad bajo la razón Esteban Benecke Sucesores. Asimismo, celebraron otro contrato de sociedad colectiva con H. L. Wiechers. El objetivo de estas asociaciones era consolidar los negocios bajo la misma razón social, para emprender en un futuro otras actividades y ampliar su campo de acción.

Este grupo de extranjeros sabía que en ocasiones escaseaba la cerveza y para cubrir satisfactoriamente la creciente demanda idearon una fábrica con los adelantos tecnológicos más avanzados. El 9 de mayo de 1890 se reunieron para llevar este propósito a buen fin Santiago Graff, Enrique L. Wiechers, Federico Melber, Agustín Hoth, Roberto Fischer, Germán Roth y Donato Chapeaurouge, este último en representación de la compañía Esteban Benecke Sucesores.

Santiago Graff tenía experiencia en la fabricación de esta bebida. Además de representar a Esteban Benecke Sucesores, como ya se mencionó, era socio de la compañía que integraban algunas cervecerías de la ciudad de México, en la calle de la Rinconada de San Diego, de las cuales participó Agustín Marendes, y la que se encontraba en el Jardín de Tolsá. De esta última también era propietario Carlos Fredenhagen, quien al comprobar que no convenía a sus intereses vendió lo que le correspondía a Graff.

Los nuevos socios conformaron la sociedad anónima con el nombre de Compañía Cervecera de Toluca y México S.A. El capital o fondo de la sociedad se formó con un total de 5 000 acciones con valor de cien pesos cada una. El dinero se destinó para instalar la más novedosa maquinaria para obtener una producción de calidad. Las ganancias o pérdidas se repartirían proporcionalmente entre los accionistas. El capital que aportó Santiago Graff fue más que suficiente para que le otorgaran el mayor número de acciones y representara a Esteban Benecke Sucesores y a los señores Kosidowski, Scharner y During.

La construcción de la fábrica fue diseñada con el fin de facilitar la elaboración de cerveza. Los útiles y enseres fueron de lo más moderno y la maquinaria de la más alta tecnología. El puesto de director tendría una duración de cinco años y, en recompensa, obtendría las siguientes remuneraciones por su trabajo: 3 000 pesos de sueldo anual y 10 por ciento de las utilidades que se generaran en ese mismo lapso de tiempo.

La sociedad funcionaría únicamente durante treinta años, empezando desde mayo de 1890. Una de las mayores exigencias fue la de adquirir materias primas de primera calidad para la elaboración de cerveza, incluyendo dos maquinarias alemanas, una para fabricar hielo para su conservación y otra para botellas. Es allí donde surge la idea de elaborar diferentes tipos de cerveza, como Lager, Pilsener y Standard. Con el fin de ampliar y consolidar el mercado, se abrieron sucursales en lugares y poblaciones que consideraron ideales para el consumo de cerveza. Cabe mencionar que Santiago Graff era propietario de varias casas en la ciudad de Toluca.

Tras residir en esa ciudad un largo tiempo, Graff conocía muy bien su movimiento. Adquirió a precios muy inferiores a su verdadero valor la casa localizada en la Plazuela de Zaragoza 12 y otras fincas agregadas, pero algunas presentaban deterioro, por lo que debió invertir una fuerte cantidad de dinero para que funcionaran como fábrica de cerveza, a la cual llamaron El León. Aunque la producción era satisfactoria, Benecke y Graff acordaron venderlas en 80 000 pesos a la Compañía Cervecera de Toluca y México S. A. Fernando Rosenzweig fue uno de los primeros socios de la compañía: había participado en su establecimiento y en la planeación de los trabajos de la fábrica, pero por causas que desconocemos se separó de la Cervecería El León. Sin embargo, se puede afirmar que con el establecimiento de la Compañía Cervecera de Toluca y México S. A. se inició la etapa de consolidación en la fabricación de esta bebida.

 

1.- María del Carmen Reyna, Jean-Paul Krammer. (2017) Apuntes para la historia de la cerveza en México. México Instituto Nacional de Antropología e Historia.